“Todo objeto antiguo es bello simplemente porque ha sobrevivido para llegar hasta nosotros”, escribió Jean Baudrillard.
Los objetos de arte decorativo antiguos no son simples reliquias del pasado, sino piezas con carácter. Aportan una auténtica individualidad a un interior, creando profundidad y autenticidad, algo que la producción en masa jamás podrá replicar. En sus formas, materiales y las huellas naturales del tiempo, se percibe el aliento de otra época, y es precisamente esto lo que da vida al espacio.
A este mundo de objetos se refería el escritor alemán Hermann Hesse cuando hablaba de «un gran mundo autónomo de cosas —bellas y diversas— cuyo único propósito es servir al amor, agudizar los sentidos y revitalizar un entorno empañado…».
Incluso hoy en día, las piezas antiguas siguen desempeñando este papel único: se convierten en acentos en torno a los cuales se construye la atmósfera de una casa, fuentes de inspiración y verdadera armonía.